
Cada vez que te sientes a punto de perecer, que piensas que toda tu vida carece de sentido… Siempre hay alguien que te impulsa, que te empuja a seguir. Hay una persona que, pase lo que pase, nunca se aparta de tu lado. Te da todo su amor y te salva en todos los sentidos en que se puede salvar a alguien la vida.
Es esa persona la que imprime un determinado signo al significado de tu vida. Sabes que sin ella tu vida no tiene sentido, que si te falta… perderás la batalla, que no podrás seguir adelante. Es tanto lo que esa persona te ha dado… tanto lo que te ha ayudado… tan inmensa la labor que ha realizado, escuchándote, apoyándote, aconsejándote, riendo y llorando contigo… que sencillamente te resulta imposible imaginar un mundo en el que no esté a tu lado.
Y cualquier gesto, por pequeño que sea, se te clava en lo más profundo de tu ser. Hasta el más mínimo detalle te atraviesa la piel y te inunda el corazón. Te conmueve el menor gesto de amor y sientes que tu interior se va enterneciendo mientras tu vieja muralla, poco a poco, se derrumba en mil pedazos, abriéndote a un mundo totalmente nuevo que jamás soñaste vivir.
Todo comienza a tener sentido, todo te maravilla y todo te duele a la vez. A cada momento necesitas un abrazo que te sientes incapaz de pedir. Te mueres por decir… por expresar unos sentimientos que se agolpan en tu interior y las palabras se te atoran en la garganta. Y lo único que puedes decir es: gracias. Gracias por existir. Gracias por permanecer a mi lado. Gracias por no permitir que me rinda. Por darme tu calor, por quererme. Por ser así, tal como eres, grande por dentro y fuerte por fuera, para llorar conmigo y luchar por mí cuando me haga falta.
No sabes qué hacer para devolver los favores. Cualquier cosa que hagas sabes que va a ser insignificante en comparación con lo que se ha hecho por ti. Pero aún así lo intentas, y te aseguran que no deberías. Pero no puedes evitarlo. Tienes que hacerlo. Y sabes que tu labor también es importante. Que desde el otro lado sienten lo mismo, aunque te siga pareciendo que eres un granito en medio del desierto. Y cuando haya que llorar, sabrás que lloraremos juntos. Y cuando haya que reír, reiremos juntos. Si hay que pelear, pelearemos juntos. Caminar por la carretera de la vida… lo haremos juntos. La gran batalla la venceremos juntos y ni la muerte podrá separarnos. Pues, aunque ya no podamos seguir haciendo las mismas cosas de siempre, sabrás que seguiremos estando juntos y, aunque uno de los dos se haya ido, te esperará. Y cruzará el otro mundo contigo, porque sabe que necesitarás ayuda para continuar. Que la vida (ésta o aquella) es un mar de sentimientos en el que sólo puedes nadar con la ayuda de un flotador.
Es esa persona la que imprime un determinado signo al significado de tu vida. Sabes que sin ella tu vida no tiene sentido, que si te falta… perderás la batalla, que no podrás seguir adelante. Es tanto lo que esa persona te ha dado… tanto lo que te ha ayudado… tan inmensa la labor que ha realizado, escuchándote, apoyándote, aconsejándote, riendo y llorando contigo… que sencillamente te resulta imposible imaginar un mundo en el que no esté a tu lado.
Y cualquier gesto, por pequeño que sea, se te clava en lo más profundo de tu ser. Hasta el más mínimo detalle te atraviesa la piel y te inunda el corazón. Te conmueve el menor gesto de amor y sientes que tu interior se va enterneciendo mientras tu vieja muralla, poco a poco, se derrumba en mil pedazos, abriéndote a un mundo totalmente nuevo que jamás soñaste vivir.
Todo comienza a tener sentido, todo te maravilla y todo te duele a la vez. A cada momento necesitas un abrazo que te sientes incapaz de pedir. Te mueres por decir… por expresar unos sentimientos que se agolpan en tu interior y las palabras se te atoran en la garganta. Y lo único que puedes decir es: gracias. Gracias por existir. Gracias por permanecer a mi lado. Gracias por no permitir que me rinda. Por darme tu calor, por quererme. Por ser así, tal como eres, grande por dentro y fuerte por fuera, para llorar conmigo y luchar por mí cuando me haga falta.
No sabes qué hacer para devolver los favores. Cualquier cosa que hagas sabes que va a ser insignificante en comparación con lo que se ha hecho por ti. Pero aún así lo intentas, y te aseguran que no deberías. Pero no puedes evitarlo. Tienes que hacerlo. Y sabes que tu labor también es importante. Que desde el otro lado sienten lo mismo, aunque te siga pareciendo que eres un granito en medio del desierto. Y cuando haya que llorar, sabrás que lloraremos juntos. Y cuando haya que reír, reiremos juntos. Si hay que pelear, pelearemos juntos. Caminar por la carretera de la vida… lo haremos juntos. La gran batalla la venceremos juntos y ni la muerte podrá separarnos. Pues, aunque ya no podamos seguir haciendo las mismas cosas de siempre, sabrás que seguiremos estando juntos y, aunque uno de los dos se haya ido, te esperará. Y cruzará el otro mundo contigo, porque sabe que necesitarás ayuda para continuar. Que la vida (ésta o aquella) es un mar de sentimientos en el que sólo puedes nadar con la ayuda de un flotador.
1 comentario:
Que la vida (ésta o aquella) es un mar de sentimientos en el que sólo puedes nadar con la ayuda de un flotador.... que hermoso Post y que lindo este final ya que siempre nadamos en las emociones y en las aguas profundas de otros... te felicito
Saludos
Publicar un comentario